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01/08/2016 0:00

​Carta a Plinio Mendoza | Por Humberto de la Calle

Como acostumbro, leí tus reparos al proceso de conversaciones de La Habana. Lo hago con respeto. Tengo la convicción  de que las voces críticas son un ingrediente muy importante para nosotros en la Mesa de diálogo. No parto de la base de que quienes manifiestan censuras son enemigos de la paz.

Veo que hay temores y sospechas. También hay reproches a aspectos concretos de lo pactado.

Las sospechas son predicciones. Parten de un análisis y llegan a conclusiones que no están totalmente regidas por los hechos. Comprendo la desconfianza de muchos colombianos frente a la guerrilla. En nuestro caso, confiamos en los acuerdos y en la forma como se han llevado a cabo las deliberaciones. 

Prefiero por tanto referirme sólo a aquellas afirmaciones que es posible confrontar con  la realidad. En ese terreno, tu columna contiene apreciaciones erradas.

Afirmas que “mientras que para los miembros de las Farc no habrá pago de cárcel sino una teórica y muy benigna restricción de la libertad, quince mil militares se encuentra recluidos en centros carcelarios a la espera de un juicio o pagando injustas condenas”.

Lo primero que hay que decir es que los acuerdos sobre la Jurisdicción de Paz se aplican a todos los autores de infracciones de manera simultánea e integral. Esto incluye a miembros de la fuerza pública que hayan delinquido desviándose del papel legítimo que se le confió, así como a terceros que haya sido actores determinantes en los más graves delitos.  Afirmas que mientras quince mil militares están presos, las Farc gozan de las delicias habaneras. Te confieso que para mí hay un tinte demagógico en esa aseveración: olvidas que, en proporción, hay un mayor número de presos pertenecientes a las Farc. Y que la presencia en La Habana solo tiene como propósito que las negociaciones permitan poner fin al conflicto. 

De paso, haber desestimado la existencia de un conflicto, si bien suena seductor, provocó que los militares descarriados se juzgaran con las más rígidas normas. Las de los Derechos Humanos, en vez de aquellas propias del Derecho Internacional Humanitario que reconocen el estado de confrontación y establecen criterios más razonables en medio de una guerra.

Agregas que “el narcotráfico adquirió en La Habana un justificado estatus de delito político”. No es cierto. Lo que se pactó es que una ley regulará la amnistía (obviamente no para los delitos más graves que, como lo prometimos, no serán amnistiados). Para ese efecto, hay criterios incluyentes y excluyentes, los delitos comunes entre éstos últimos. Por lo tanto, al frente tenemos una discusión para expedir la ley y, más adelante, las decisiones del Tribunal de Paz en desarrollo de la misma. Este Tribunal seguramente enfrentará un problema, magistralmente descrito por el doctor Álvaro Uribe quien en el 2006 dijo: “Habrá que hacer una cirugía la más difícil de todas para separar a los narcotraficantes puros de los otros, paras o guerrilleros, para poder aplicarles una normatividad especial”.

Y, de paso, omites la expresa manifestación de las Farc de poner fin a cualquier vínculo con el fenómeno de las drogas ilícitas.

También silencias que el reclutamiento de menores se incluyó dentro de los delitos no amnistiables de conformidad con el derecho internacional.

Que no se resarcirá a las víctimas como afirmas, es una aseveración contraria al texto de lo acordado. Allí se habla de la obligación de reparar “materialmente” a las víctimas. Todo lo pactado gira alrededor de los derechos de las víctimas. Si fuera poco, Colombia puso en marcha un programa de gran calado para la reparación, objeto de admiración en otras latitudes, y lo hizo aún antes de terminar el conflicto, algo sin antecedentes que yo conozca.

Quedó claro que los magistrados del Tribunal Especial no solo deberán tener la más alta categoría moral y profesional, sino que no serán nombrados por las partes. Personas e instituciones de la más alta reputación mundial serán las encargadas de su selección. Puedes alimentar tu sospecha. Pero lo que no puedes decir sin caer en el mito, es que la selección de la Comisión de Esclarecimiento, que también se hará de forma imparcial, tenga siquiera algo que ver con el Tribunal. 

Condenas con razón los hechos horrendos cometidos por las Farc. En La Habana no estamos para aplaudir o justificar tales crímenes. Tampoco podemos soslayar la grave responsabilidad de otros victimarios que cometieron gravísimos delitos. De lo que se trata es precisamente de buscar que esos hechos dolorosos no se repitan. Todos los responsables deben manifestar su repudio a lo que hicieron, sin peros ni condicionamientos. Después de ya casi siete millones de víctimas, no es relevante discutir quién comenzó la pelea. Como tampoco disculpar la violencia propia con la violencia ajena. Lo digo para todos. La única respuesta válida fue la fuerza legítima del Estado. Fuera de allí, no hay violencia buena ni violencia mala.

Es totalmente legítima tu decisión de votar por el NÓ. Estás en tu derecho, como también lo están los colombianos que seguirán tu ejemplo. No obstante, pienso que se perdería una oportunidad de oro para Colombia para poner fin a un conflicto y aplicarnos a la ardua tarea de afianzar la paz. Puede que el Acuerdo no sea perfecto. Pero en circunstancias tan complejas como las de Colombia, no creo que exista la posibilidad de un acuerdo sustancialmente mejor, que no termine arruinando la posibilidad de finalizar la confrontación.

Quisiera que el Plebiscito fuese el punto de encuentro de los colombianos. Democracia y disenso van de la mano. Pero las sociedades tienen que tener forma de resolver sus problemas. El compromiso debería ser el de acatar el resultado de las urnas. Espero que no sea una ilusión logarlo.