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19/11/2015 0:00

3 AÑOS DE LOS DIÁLOGOS DE PAZ EN LA HABANA | Declaración del Jefe de la Delegación del Gobierno, Humberto de la Calle

La Habana, 19 de noviembre de 2015.

Delegación del Gobierno de Colombia en La Habana.
Buenos días, 

Hace tres años llegamos con el objetivo de poner fin al conflicto y hoy, a pesar de las dificul​tades, nuestro compromiso sigue intacto. Hemos avanzado como nunca antes en un proceso de paz con las FARC.  Y lo hemos hecho bajo el liderazgo y el compromiso del Presidente Juan Manuel Santos.  

Hoy contamos con acuerdos en tres de los seis puntos de la Agenda pactada al inicio de las conversaciones y hemos avanzado de manera paralela en los temas restantes. 

Adicionalmente, hemos anunciado medidas para desescalar el conflicto en Colombia. 

Desde mayo está en marcha un proyecto piloto de desminado en el sitio denominado  El Orejón,  y al final del conflicto tendremos que adelantar una de las operaciones más grandes de desminado en el mundo. 

El pasado 18 de octubre anunciamos un acuerdo para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en el marco del conflicto. Es un paso gigantesco en el camino del reconocimiento de los derechos de las víctimas. El dolor de la muerte solo es superado por el dolor que produce la incertidumbre eterna por la suerte de los seres queridos. 

Las FARC han anunciado unilateralmente que saldrán de sus filas los menores de 15 años y que se abstendrán de reclutar menores de 18. Es un avance, aunque todavía insuficiente. No más niños en la guerra, por siempre.
 
Desde el 20 de julio las FARC declararon un cese unilateral y el Gobierno suspendió los bombardeos a campamentos de esa organización. Ambas medidas unilaterales buscan crear confianza entre las partes.  La intensidad del conflicto armado ha disminuido y así lo corroboran informes de diferentes organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. El último mes es el de más baja confrontación militar en décadas. Estos son avances concretos y significativos, eso es innegable. Los colombianos que viven en las zonas de conflicto lo han sentido en carne propia y lo agradecen. 

Este punto es importante. Todos debemos dedicar parte de nuestros pensamientos y toda nuestra solidaridad con quienes sufren directamente las secuelas de guerra en Colombia. 
No hay duda que el país ha avanzado enormemente en los últimos quince años. Que hay hoy un panorama de bienestar y más oportunidades para todos los colombianos.

Pero se equivocan quienes argumentan cínicamente que terminar el conflicto es un asunto menor o incluso innecesario. Que Colombia está bien como dicen ellos. 

No, Colombia no está bien. Los colombianos que sufren el conflicto día tras día no están bien. Y Colombia no podrá desarrollar todo su potencial y ocupar el lugar que le corresponde en el mundo con un conflicto armado interno.    

Y como algo inédito en estos procesos, la subcomisión de Género ha incorporado a las conversaciones una perspectiva renovadora que atiende al enfoque diferencial en una violencia que, aunque ciega, golpea más a unos que a otros.

Pero todavía falta. Es hora de terminar la extorsión, señores de las FARC. Ya es el momento de poner fin al dolor que sufre la población civil.

El proceso ha tomado más tiempo de lo esperado, eso es cierto. Ya es hora de terminar. Es hora de terminar. Nos encontramos en la recta final, aunque tampoco podemos negar que estamos ante los temas más complejos y no los vamos a acordar de cualquier manera. No se trata  simplemente de llegar a un acuerdo. Se trata de llegar a un buen acuerdo, el mejor acuerdo para los colombianos.  

Definir el modelo de justicia transicional y los términos del cese bilateral definitivo son determinantes y requieren la toma de decisiones políticas de gran envergadura. Esperamos que las FARC estén a la altura de esta oportunidad y comprendan que este proceso es para terminar el conflicto y no para crear nuevos conflictos. El Sistema de Justicia es para asumir las responsabilidades de todos los autores de graves crímenes, para reparar a las víctimas, para promover la verdad. El Sistema de Justicia también debe servir de instrumento para la reconciliación de los colombianos.

Repito, ya es hora de terminar. Lo más importante no es firmar un acuerdo en La Habana. Es darnos todos -cada uno de ustedes que nos oyen hoy- a la tarea de construir la paz en Colombia. A la tarea de sentar las bases de una paz firme y duradera que cree las condiciones para la convivencia y la reconciliación entre todos los colombianos. Este acuerdo tiene que llevarnos al fin del conflicto, al cierre de una vez y por todas de los ciclos de violencia que tantas víctimas han dejado.   

Los colombianos han sido generosos y nos han dado su confianza para trabajar en la búsqueda de la paz pero al mismo tiempo requieren claridad. Es necesario que las FARC den el siguiente paso: reincorporarse a la vida civil y participar sin armas en la construcción de una nueva Colombia.  Falta, claro está, redactar textos. Pero falta también sobre todo una decisión de las FARC. El paso a la vida civil. Con garantías. El Gobierno está comprometido a crear condiciones para que su participación en política este rodeada de todas las garantías. Pero también con la voluntad clara de ingresar al ejercicio de la democracia. Que tomen el camino de la política. Que lo hagan con vehemencia, sin dejar de lado sus convicciones, nadie está pidiendo eso. Pero con plena conciencia de que no hay espacio ni aceptación para la combinación de formas de lucha como lo han hecho en el pasado. El paso que falta es, sobre todo, un paso en el espíritu y en la mente de los miembros de esa organización guerrillera. 
Agradecemos a Cuba. La deuda de Colombia con Cuba es inmensa. Aplicación de ingentes recursos humanos y materiales, dedicación, denuedo, profesionalismo, han caracterizado la actitud del gobierno de Cuba para con ambas delegaciones. Pese que ha sido una presencia tan larga, siempre hemos recibido de los cubanos apoyo, comprensión, paciencia. Y, sobre todo, nunca han ahorrado esa reconfortante sonrisa cada mañana que ha sido un enorme aliciente para cumplir esta compleja tarea. Noruega, viniendo de tan lejos, situada su delegación en un medio tan extraño para ellos, tampoco ha cesado en su apoyo, su voz de aliento, su consejo oportuno. Chile y Venezuela nos han acompañado también sin pausa.
Agradecemos con especial reconocimiento a nuestros militares y policías. Ellos se juegan la vida a diario para proteger nuestras familias, nuestra tranquilidad, nuestros bienes. Ellos son realmente los héroes de la Patria. 

Hoy, después de éstos años de trabajo queremos compartir con todos los colombianos parte de nuestra experiencia en La Habana, así como poner a su disposición una herramienta más de información acerca de éste proceso. A partir de hoy los invitamos a consultar la página web de la delegación: denominada equipopazgobierno.presidencia.gov.co y a seguirnos en la cuenta en twitter que lleva el mismo nombre.  

A nombre del equipo debemos reconocer el sacrificio de nuestras familias. Padres y madres, abuelos, aquí en La Habana durante 1095 días, los hemos privado de nuestro aliento y nuestra voz. Pero ellos, nuestros familiares, han comprendido y nos han apoyado. Con este equipo que hoy me acompaña hemos tomado más de 90 vuelos, hemos trabajado cientos de horas en extensas jornadas con la plena convicción de que los colombianos se merecen la oportunidad de vivir en un país en paz.  

En un momento en el que la violencia parece estar escalando el mundo, en Colombia después de medio siglo de violencia y décadas de intentos, hoy estamos cerca de cerrar un oscuro y doloroso capítulo de nuestra historia. Tres años después de un proceso serio nuestro llamado es a que el tiempo invertido no sea en vano.

Por fin, no debemos olvidar que son realmente los colombianos los que deciden. El acuerdo no depende de la voluntad aislada de las partes. Cada colombiano tendrá muy pronto podrá examinar lo acordado y decidir, literalmente, el futuro de Colombia.

Será la hora de pensar en las víctimas del pasado. Será el momento de pensar en las víctimas del futuro. Las que podemos evitar. Hace poco, en una comunidad del Chocó, se le pidió a los niños que dibujaran a Colombia. Todos los dibujos estaban plagados de agresión y sangre. 

Por esos niños, es imperativo fraguar una nueva Colombia. Hay que reconocerlo,  los adultos lo hemos hecho mal. Tenemos que cancelar esa deuda con el futuro.